Mañana de niebla
31.01.2015 17:5615.03.2014 21:04
Sentado ante una taza de café y deleitándose con el sabor de la tostada, el bohemio observa el trajín de la clientela que entra y sale en la cafetería. Observa con atención el físico de cada una de las caras y casi todas les inspiran algún rasgo familiar; como si alguna vez, a lo largo del camino de la vida ya recorrido, hubieran tenido determinado tipo de relación. Con la mirada perdida a través de la cristalera, van pasando por su mente secuencias de las diferentes etapas de su vida que el alcance de su intelecto es incapaz de ordenar.Ha caminado en una m
añana de niebla alta, gris el cielo, percibiendo el frio húmedo en el rostro, por una ciudad tranquila, todavía desperezándose. Se ha detenido en el rastrillo: numismática, sellos, juguetes antiguos de hoja-lata, madelman, muñecos de cartón…. Nuevos recuerdos de la niñez. Cada paseo por la ciudad le proporciona renovadas sensaciones, cual enamorado con su amada. Los mismos rincones: callejuelas, plazas o monumentos, cada vez se muestran con distinto esplendor. Abundante caudal del río Darro que en tiempos pasados se pavoneó recorriendo el centro de la ciudad, ahora se ruboriza y escode por Plaza Nueva como si quisiera ocultar las cicatrices de las heridas causadas por la contaminación.
Arriba, en la colina roja, torres y alminares, palacios nazarís. Bajo los frondosos olmos, el bohemio saboreó los primeros besos, los labios de su amada, de su mujer ¡Que amalgama de recuerdos! Enfrente el Albayzin.
Sentado en el escalón del convento, el mismo vagabundo de “Tristeza de Amor”, que fuera fotografiado en anterior ocasión, sigue con su guitarra entonando sus melódicas canciones, que hoy al bohemio le cuesta reconocer, se detiene a su lado, y tras depositar la moneda, entabla conversación. Cinco minutos a lo sumo ha permanecido escuchando sus sabias palabras, pronunciadas con la vista pérdida y sus manos posadas sobre la guitarra. ─Oiga, ─el bohemio se vuelve cuando ya había reanudado el caminar─ diga usted en internet que todavía sigo esperando el contrato que me dé una oportunidad.
Realejo: nazarenos y vírgenes en Semana Santa, Casa de los Tiros, museo, Capitanía General; centinela que ha mediado de los años sesenta vigilaba, no sabía qué. Enfrente, palacio de los Condes de Gabia, en donde se detiene. En fechas recientes pasadas, encuentro de montejiqueños al que no pudo asistir; otro acontecimiento coincidente se lo impidió.
El bohemio mira el reloj ¡Son las dos! Sale de la nebulosa que le imbuyó, y vuelve a la realidad. Acelerando el paso se pierde entre el bullicio de la ciudad.
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